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miércoles, 13 de mayo de 2020

Falcata y Caetra, historia de nuestro videoclip.

La idea de grabar el videoclip de “Falcata y Caetra” toma forma a finales del 2019, comienzos del 2020.

En pocos días se definen las tres historias que discurrirán en paralelo a lo largo del vídeo: el encapuchado en busca de venganza, el lobo y la banda.

Se valoran distintos emplazamientos para la grabación de las diferentes tomas. Cada historia tiene unas necesidades, bien por la parte estética, por la técnica o por ambas. Uno de los puntos que más nos condiciona es la coincidencia en el tiempo de todas las partes implicadas en las grabaciones.
La historia del encapuchado requiere un espacio natural boscoso, el equipo se desplaza hasta un pinar de la Sierra de Ávila, en la localidad de Muñana, cercano a los sitios de Las Campanillas, Piedra Caballera y Navazuela.

La protagonista es sin duda la espada, envuelta ahora en telas rústicas. El encapuchado la esconde bajo la capa y busca sin descanso el mejor lugar donde esconderla. Esta grabación se realiza el 24 de enero, en la localización encontramos nieve, lo que nos lleva a pensar inequívocamente en el invierno.

Tras deambular por el bosque, con cuidado de no ser visto y moviéndose con rapidez, el encapuchado encuentra al fin el lugar donde esconder la Falcata. La espada reposará allí hasta que su dueño vuelva a por ella para llevar a cabo la venganza.

En las siguientes escenas es precisamente esto lo que se refleja, el regreso en busca de la espada. Ahora sí la vemos en todo su esplendor, brillante y lista para cumplir su cometido. Con paso decidido el encapuchado emprende el camino…

De forma paralela progresa otro hilo conductor del vídeo: la banda actuando en un entorno natural e impresionante. Se trata de un paraje situado a casi 1.300 metros por encima del nivel del mar, en la localidad de Robledillo, entre los sitios La Fuente Cimera, Los Vallejos, Las Veredas y Berrocal Gordo. Al fondo, La Serrota, imponente y aún con restos de nieve. La grabación de estas escenas tiene lugar el 16 de febrero, un día extremadamente caluroso para esta época del año.

No lejos de aquí, no lo sabemos con exactitud, se rodarían hace unos 40 años las primeras escenas de Conan el Bárbaro, aquellas en las que un jovencísimo Jorge Sanz comenzaba a empujar la “Rueda del Dolor” junto a otros prisioneros. Terminaría empujando la rueda en solitario Arnold Schwarzenegger, el Conan adulto que todos conocemos.

Volviendo al videoclip de Falcata y Caetra, la banda graba en distintas ubicaciones dentro del mismo paraje, donde destaca una inmensa y solemne piedra caballera.

Existe una conexión especial del encapuchado con la banda, que se materializa en una escena fugaz, precisamente en esta mole granítica. En una de las escenas de la banda podemos ver claramente la silueta del encapuchado al fondo. Ha llegado hasta nosotros. Ya está aquí. En la siguiente escena ya no está. Es astuto y tiene un objetivo.

El lobo es el gran protagonista de la introducción. Calmado, observa. También espera. Contamos con la presencia en el vídeo de nuestros lobos, Horus y Freya. La grabación de los animales (en Martiherrero, sitio de Los Alamillos), pese a ser complicada, nos deja momentos únicos que darán un sentido especial al vídeo tras el montaje.

Las tres historias avanzan de forma paralela. El desenlace se acerca. Falcata en mano, el encapuchado cobra finalmente su venganza. La hoja ensangrentada reposa.

Ahora las tres historias se funden; los lobos acompañan al encapuchado en su retirada, la espada está en manos del grupo. ¿Quién es quién?

En el cierre del vídeo quizá tengamos uno de los momentos más épicos de toda la grabación. El encapuchado emprende solo su camino final. El lobo observa, consciente de que ese es el destino escrito para ambos.

***

El montaje del vídeo culmina tras dos meses de trabajo. Se presenta en público el 11 de abril del 2020.

Son muchas las anécdotas que acontecieron durante las diferentes jornadas de trabajo: alguna caída, la preparación de la sangre, cambios de vestuario, transporte de instrumentos, servicio de catering, “no escucho nada”, grabación de escenas adicionales en plena cuarentena (en el jardín de casa), paisanos en bicicleta (+ perro) que se cuelan en la grabación, algún espectador, la mota de la lente… Estos momentos unidos al cariño de nuestra gente hacen que cada minuto de trabajo merezca la pena. ¡Gracias y hasta el próximo!


Os dejamos algunas imágenes de la grabación:












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